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Los “huevitos“ que sorprenden en las arenas de Punta del Este y cuestan 400 dólares por día

  • Un parador instaló unas exclusivas cápsulas de lapacho en una zona de la Brava que se mantuvo virgen durante años.
  • Son para entre 4 y 6 personas, tienen un camastro, mesa y sillas. Y buscan “un concepto de lo etéreo”.

Caminar por la playa, además de un placer y privilegio que hay que subrayar en estos tiempos, es un trabajo para quien es enviado por un medio para cubrir la temporada. Ojos abiertos y oídos atentos para intentar “no quedar afuera” de una ciudad dinámica y en constante movimiento como es Punta del Este es una condición sine-quanon para dar cuenta de las novedades. En los últimos días se escuchó en boca de los caminantes de La Brava un comentario reiterado: “¿Viste las cápsulas llamativas sobre la arena? ¿Qué sabés del nuevo parador? Yo pasé y pinta tiene”.

Este cronista rumbeó hacia la parada 18, donde funciona un estudio de radio uruguayo, y desde allí lo mandaron a “medio kilómetro para el lado de la punta”. Unos cien metros antes se advierte intenso movimiento y caminantes que deslizan: “Por fin pusieron un barcito, ¿hubo algo alguna vez por aquí?”, se repite.

Entre las paradas 18 y 30 de La Brava, una lengua de arena de 1.500 metros, nunca hubo nada, era un terreno virgen y desaprovechado. “Estamos contentos con este beach house, porque sentimos que es una propuesta distinta de verdad, ideal para el veraneante de Punta del Este”, comenta Alan Solnicki, uno de los responsables de la parte gastronómica de Aura, nombre del parador.

Nieto de un recordado genio del ajedrez, como fue el argentino-polaco Miguel Najdorf, Solnicki comparte con Clarín su entusiasmo e hiperactividad y que las jornadas laborales son de 12 horas. “La gente de los alrededores venía viendo que, por fin, se estaba construyendo en esta zona. Pensá que yo vengo a veranear desde que tengo cinco años, y ahora estoy cerca de los 50 y nunca hubo nada. Con lo cual las expectativas se incrementaron y en estos primeros días desde que abrimos (el domingo 7 de enero), la gente responde y sale satisfecha“.

Un parador instaló unas exclusivas cápsulas de lapacho en una zona de la Brava.

Licenciado en marketing y ahora ciento por ciento chef, Solnicki se refiere a la estrella del parador, lo que primero llama la atención e invita a acercarse: se trata de las “cápsulas” o también llamados “huevitos” de madera de lapacho. “Son un flash, ¿viste? No me digas que no te volvieron loco… Es un concepto que se importó de otros destinos internacionales exclusivos y entre todos los que estamos en Aura sentimos que esas formas, en el frente de nuestro espacio, nos identifica y sin duda marcará tendencia”.

Camastro, mesa y silla. Las comodidades que ofrecen los "huevitos" de lapacho. Foto: Ramiro SoutoCamastro, mesa y silla. Las comodidades que ofrecen los “huevitos” de lapacho. Foto: Ramiro Souto

Sin saber todo esto, este cronista llega al parador 22 y viendo una de las cápsulas vacías ingresa y prueba el camastro que mira a la orilla del mar. Sin duda que la tan confortable escena incomoda. “¡Qué raro que nadie se haya anticipado!”, fue el primer pensamiento.

Minutos después, una simpática encargada, Sol, apareció para tomar nota del pedido. “¿Cuánto cuesta un licuado de frutos rojos?”, se le preguntó. “Cinco dólares”. “Uno por favor”. Sol se quedó esperando, algo sorprendida y esbozó una sonrisa. “¿Estás solo? Te cuento que para estar en los huevitos la consumición mínima es de 400 dólares. Podés estar todo el día”. El salto del camastro fue inmediato y también fue rauda la partida, aunque más frustrante. Un grupo de turistas angloparlante espera para tomar posesión.

Vista al mar. Desde una de las cápsulas. Foto: Ramiro SoutoVista al mar. Desde una de las cápsulas. Foto: Ramiro Souto

“Es una experiencia que vale la pena vivir -retoma Solnicki-. Sabemos que es un monto importante para el bolsillo del argentino, pero estamos en Punta del Este y aquí las cifras están en otro nivel. No es caro pasar todo un día en familia o entre amigos aquí, en esta cápsula que te ofrece una sensación distinta de disfrutar la playa. Pensá que está hecha de madera de lapacho arqueada y hay ventilación, pero a la vez te protege del sol”, puntualiza.

Argentina, especialista en diseño, Alejandra Dold también forma parte del emprendimiento Aura. “Estamos muy contentos con este desarrollo creativo que le imprime un estilo novedoso a un sitio donde el estilo -enfatiza- es prioritario. Las cápsulas surgieron de varios encuentros entre los que tomamos decisiones: ‘Tiene que ser algo redondo y de lapacho. Vayamos por ahí’. Y así fuimos llegando a un acuerdo y materializamos lo teórico”.

"Las cápsulas son un concepto que se importó de otros destinos internacionales", dice Alan Solnicki, del parador Aura. Foto: Ramiro Souto“Las cápsulas son un concepto que se importó de otros destinos internacionales”, dice Alan Solnicki, del parador Aura. Foto: Ramiro Souto

Dold explica que Aura, además, se llama el barrio donde está el parador, “un lugar que tiene su impronta, porque se caracteriza por las curvas, por las formas redondeadas. Así que tratamos de ser coherentes con el lugar y primero pensamos que nuestro logo tenía que transmitir lo que luego mostraría. ¿Cómo es? Se trata de un aro con ases de energía concéntricos. Y ahora, con la obra realizada, que fue de mucha inversión y sacrificio, podemos decir que el concepto de las curvas y lo circular define a Aura”.

Como Solnicki, concuerda Dold que los huevitos son “las stars de este parador, lo que despierta interés en el turista. “Quizás uno va demasiado profundo -hace saber- pero fijate que una vez que vos estás adentro, el lugar te abraza, te contiene, te protege del afuera. El sol no penetra, porque el techo es de teca, una madera liviana que no se corroe con el viento, la lluvia ni la sal del mar. Además, el techo puede girar -a mano- para que te vayas protegiendo de los rayos del sol vespertinos. Las paredes son de lapacho importado, acá la inversión hubiera sido el doble”.

Los huevitos de 400 dólares el día son requeridos por el nuevo cliente de Aura, en la Parada 22 de la Brava. Foto: Ramiro Souto

Foto: Ramiro SoutoLos huevitos de 400 dólares el día son requeridos por el nuevo cliente de Aura, en la Parada 22 de la Brava. Foto: Ramiro Souto Foto: Ramiro Souto

Dos hombres de mediana edad, con Ray-Ban polarizados, camisas de lino blancas y sandalias Birkenstock, ingresan a uno de estos “iglúes” de madera. Acomodan la mesa, distribuyen papeles y se sientan en el camastro. Clarín, inoportuno, interrumpe. “Sí, claro, sabemos que debemos consumir 400 dólares, pero estamos por reunirnos por un proyecto de cinco millones de dólares”, devuelve sin movérsele un músculo y con una sonrisa de Tom Cruise.

Agrega su compañero canoso. “Tenemos que cerrar cosas importantes y lo circular ayuda para llegar a buen puerto. El concepto de algo etéreo que te ilumina y energiza. Ya estuvimos aquí días atrás y palpamos la fuerza que nos transmitió el lugar. Es algo que necesitamos y volveremos dentro de unos días, esperemos, para firmar el contrato. En estas cosas uno es supersticioso”. Si bien el asombro es mayúsculo, este cronista puede dar fe de algo: en los 180 segundos que estuvo, la comodidad fue indiscutible.

Punta del Este. Enviado especial

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